por Julieta Pugliese
28 de abril de 2011
Querido Diario:
Estoy completo. Poseedor de una amalgama estilística sin precedentes, entre manifestaciones heráldicas y sillas de aluminio, las aves han encontrado en mí un sitio seguro para ver crecer a sus pichones. En esa seguridad que de alguna manera refracto he llegado incluso a erigir en mi centro una escalera para emergencias. Como decía…bien completo. Pero eso no es todo…Entre reuniones de estudio, charlas de amigos, almuerzos solitarios y otros encuentros multitudinarios he escuchado miles de sonidos…Hoy escuché el más hermoso. Voces de jóvenes. Se acercaron y acariciaron mis baldosas, mis paredes, mi todo con un objetivo que desborda interés por el prójimo. Ellos lo llaman “Charla de ingresantes”. Hace un tiempo lo venía escuchando, en reuniones de plenario y de comisiones. Creo que es la primera vez que estudiantes avanzados en su carrera musical reciben a aquellos que recién empiezan- y no tanto- con el fin de eliminar dudas y narrar experiencias que puedan resultarles beneficiosas. Como el hilo que separa las dudas de las inquietudes es muy delgado era previsible que el tiempo les quedara corto. Debido a la exitosa concurrencia de alumnos de CPU y su encantadora participación, la charla se ramificó de tal forma que debió ser podada en varios momentos, con la intención de retomarla en un encuentro posterior.
Llamó mi atención el carácter humano de la misma. Definitivamente hubiese sido muy distinto escuchar explicaciones técnicas relacionadas a horas de cursadas, profesores, obras, etc. El abordaje de quienes están por finalizar sus estudios en la institución de la que formo parte nunca se separó de valores como el respeto y la humildad. Un estudiante de dirección orquestal habló sobre el respeto por el conocimiento ajeno .Otro de dirección coral introdujo un concepto tan útil como brillante, el de tener “capacidad de gestión”. Esto significa crecer profesionalmente a lo largo de la carrera y no esperar a tener el título en la mano para animarse a llevar a cabo proyectos de diversa índole. No faltaron los aportes de estudiantes de canto, guitarra, composición y composición con medios electroacústicos. Realmente fue un despliegue de experiencias hermoso. Un despliegue de experiencias y de sillas, porque los jóvenes las acomodaban y reacomodaban según el antojo del sol. Me doy cuenta de que no soy sin ellos y de que probablemente ellos no serían los mismos sin mí.
(Extracto del diario íntimo del Patio del DAMuS)
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