El Primer Festival Interdisciplinario se realizó el 30 y 31 de octubre de 2010 en la sede del Departamento de Artes Musicales del IUNA donde más de 400 estudiantes mostraron sus obras a un público de 1200 personas.
Al momento de escribir este artículo sobre el PEI lo primero que me surge es pensar para quién lo hago. Si escribiera para las personas que el año pasado no se enteraron del festival diría que PEI significa Primer Encuentro Interdisciplinario de estudiantes del IUNA; que fue la primera edición del Festival de una de las universidades de arte más importantes de Latinoamérica; que nucleó y articuló, de maneras extrañas, la producción de más de 400 estudiantes. También diría que -casi sin más prensa que el boca en boca- atrajo a unas 1200 personas que recorrieron los cinco pisos de nuestro Departamento a su antojo. Diría también que fue pensado, planeado y organizado, casi en su totalidad, por un pequeño grupo de estudiantes de diferentes unidades académicas, que en marzo de 2010 presentamos a la comisión de Extensión y Bienestar Estudiantil del Consejo Superior de la universidad un proyecto; y que lo hicimos usando este camino institucional porque uno de los objetivos era demostrar(nos) que es la universidad que nos forma quien debe (y puede) darnos un espacio de muestra y de concientización de lo que hacemos nosotros y de lo que hacen nuestros compañeros.
Pero luego pienso que si hay alguien para quien quiero escribir este artículo es para todos los estudiantes que se fueron sumando al proyecto entre marzo y octubre del año pasado. El por qué del festival es una obviedad: en el IUNA hacía falta un espacio de encuentro que nos permitiera conocer lo que se produce en otros departamentos, que nos permitiera trabajar juntos y reconocernos en las diferencias y en las similitudes. Ése era
el horizonte de los 7 estudiantes que nos pasamos ocho meses pensando cómo hacer un monstruo desde cero, con poca plata, pocos recursos, casi nada de experiencia y poca gente.
En el medio de ese caos de intenso laburo, el IUNA padeció una de las peores crisis institucionales que le tocó atravesar: siete de las nueve unidades académicas que forman el IUNA y el rectorado fueron tomados. Esta crisis puso en riesgo la realización del PEI. El festival, previsto para el 25 y 26 de septiembre tuvo que posponerse. Y ahí, en ese momento, se produjo un fenómeno que terminó de significar a este festival: por un lado se acercaron muchísimos compañeros preguntando qué pasaba. -¿Se hace? preguntaban. -No sabemos, decíamos. Esos estudiantes, de todas las Unidades Académicas del IUNA, se quedaron. Primero preguntando y luego, una vez confirmado que el festival se hacía en octubre, vaciando el edificio de Artes Musicales, limpiando, soldando cables, armando estructuras, cuidando las aulas que veían casi por primera vez, orientando a la gente, corriendo, disfrutando y cansándose.
Mientras tanto, aparentemente del otro lado, pero fácticamente del mismo, se sumó otro grupo de estudiantes que decían que el PEI era una fachada para distraer la atención de la crisis que atravesaba el IUNA. El PEI, el festival de los Problemas Edilicios
Irresueltos. Nosotros, desde nuestro lado, decíamos que no. Que la organización del festival había comenzado en marzo, mucho antes de las tomas. Decíamos, y seguimos diciendo, que el PEI era una primera solución a uno de los problemas más serios que tenemos quienes estudiamos en esta universidad de artes: el encierro, la atomización de las disciplinas, el desencuentro, la falta de impulso a la producción, la ausencia de espacios donde reunirnos con el público. Que nuestra universidad no tuviera un espacio de muestra y comunión rozaba lo absurdo.
Y entonces ahí, con gente gritando de uno y otro lado, cada uno esperando el milagro que le diera la razón, el milagro llegó. El PEI nos excedió a todos. Ideologías antagónicas, métodos de trabajo opuestos, distintas corriente estéticas y filosóficas se encontraron en el PEI y quedaron enmarcadas en un espacio donde cada uno pudo hacer y decir lo que quiso. Los ocho meses de
trabajo se nos escaparon de las manos y fueron a parar a los más de 400 estudiantes que mostraron sus obras y a las 1200 personas que asistieron a verlas, cargando así de verdadero sentido al Festival.
El PEI fue toda esa gente mezclada durante dos días en un mismo lugar, cantando, bailando, actuando, tocando, mostrando, mirando, aplaudiendo, gritando, acusando, juzgando, argumentando, manifestando. Con el PEI, el IUNA, por primera vez desde 1996 cuando fue creado arbitrariamente por un decreto de Menem, logró llevar adelante hasta el final un proyecto en conjunto, superando diferencias políticas, desidia, choques humanos, falta de fondos, falta de tiempo y a veces también falta de ganas.
Por último diría que -a diferencia de muchos de los grandes proyectos que se hacen a pulmón y que mueren aplastados por el agotamiento de la propia voluntad- en julio de este año se estará lanzando la convocatoria para el SEI “Segundo Encuentro Interdisciplinario”, con la intención de que el Festival IUNA se instale, definitivamente, en la agenda artística de la Ciudad de Buenos Aires como tantos otros festivales artísticos importantes. ♪
por Victoria Gandini