por Gonzalo Rodríguez
Gonzalo Rodríguez: ¿Cual es tu concepción de arte?
Santiago Santero: Es un poco complicado dar una respuesta. Desde el punto de vista de la creación, tiene que ver con expresar algo. Qué expresa alguien cuando crea, sobre todo en el terreno de la música, nadie lo sabe. Pero algo se está expresando. Otro aspecto, que va relacionado, es la investigación. Hay compositores que están más volcados hacia la investigación sobre el sonido, otros a la investigación de las formas, etc. Tiene que ver con la experimentación, ese estar siempre buscando maneras renovadas de seguir expresando. Son dos aspectos centrales.
En mi caso particular, hace ya bastante que compongo y fui pasando por distintas etapas. En algunos aspectos creo tener cierta voz, cierta manera, si se quiere, bastante particular o bastante propia, por lo menos para mí. Que hace que algunas obras de las que compuse realmente me conformen, otras no tanto.
Yo creo que el arte no dice nada. O trata de decir algo, pero no se sabe bien qué es. Pero por ejemplo, Stephen Hawking habla de la teoría del todo, que la están buscando hace años. Y dice: “Durante años los físicos han buscado la teoría final que habría de unificar toda la física. Sin embargo puede que tengan que acostumbrarse a convivir con varias teorías.”, lo cual es impresionante porque está hablando casi de un cambio de paradigma.
Tal vez te suene un poco superficial en este momento, pero la verdad es que se puede hacer cualquier cosa. Si no le ponemos a “hacer cualquier cosa” una mirada peyorativa, tal vez “hacer cualquier cosa” pueda estar muy bien. A comienzos del siglo XX, estaban los que seguían la línea de Schönberg y la escuela de Viena, los que seguían más a Stravinsky. Había líneas más definidas.¿Hoy qué hay de eso? Ahí aparece lo que dice Hawking, hay que acostumbrarse a eso. Pero para mi no es malo. Es un buen momento.
GR: ¿Cómo evaluarías la situación actual del arte en general y de la música en particular en Buenos Aires?
SS: Es una ciudad increíblemente potente desde el punto de vista de la producción cultural. Sigue estando en malas condiciones de producción, sobre todo con la gestión actual de gobierno. Hasta donde yo conozco, en el Colón les iniciaron una causa a los delegados por 55 millones de pesos. Dejando las cifras de lado, lo que me resulta impresionante es el motivo, que es lucro cesante para la ciudad. Si eso lo hiciera una empresa privada, uno lo puede entender porque la empresa privada quiere ganar dinero y sus trabajadores con su huelga le hacen perder dinero. Lo que veo es que la ciudad de Buenos Aires sobrevive a esta gestión. Esto es muy connotado para una entrevista, pero es la realidad que estamos viviendo en este momento. Hay como una especie de doble circulación inversamente proporcional. Las autoridades de la ciudad no parecieran ver todo esto y prefieren llenar la 9 de Julio con lo que sea. Pero el movimiento interno de la ciudad produce permanentemente.
GR: ¿El arte tiene presencia en la sociedad?
SS: En la música y en la música contemporánea, que es lo que yo hago, yo creo que sí. Los conciertos de la Compañía Oblicua, ensamble Süden, Sonoroama, Sirius, Tropi. Todos grupos de gente joven que tocan bien, muy bien. Y la recepción, dentro de lo que son los canales que cada una de estos grupos propone, en algunos casos es buenísima. En algunos casos es ideal. Yo hice con Sonorama “Infinito Nero” de Sciarrino a sala llena. Bueno, la sala tendrá 300 localidades, pero dentro del contexto es una muy buena recepción. En mi opinión, está bien. Digamos, es así.
Lo que extraño es que esto que estamos hablando tenga una divulgación en la televisión. Lo peor que tenemos ahora en cuanto a difusión es la televisión. Pero es una herramienta extraordinaria. Acá nadie ha tomado cartas en el asunto respecto de salir un poco de todas las cosas que se están viendo, que no son nada buenas. Dejando de lado, por supuesto, a Canal Encuentro, Canal A, Film&Arts, donde hay ciclos. Todavía hay una separación entre nosotros que producimos y respecto de la comunicación de esa producción por canales mucho más amplios. Hay un terreno para explorar en el ámbito de la televisión. Siendo realista, porque no le vas a pedir a los grandes medios que te den una hora de Tinelli para poner tu programa.
GR: Se puede aprovechar la nueva coyuntura, con la ley de medios.
SS: La ley de medios se supone que apunta a ese tipo de cuestiones. Ahora, ahí es donde viene el problema de la política y el arte. Es decir, si suponemos el arte está separado de la política, en ese sentido estamos fritos, porque no está separado. Está totalmente vinculado. Tal vez, la ley de medios no influya en el acto de componer. Esa especie de acto químicamente puro, que es mentira también, pero no importa, en el cual estamos sentados en un lugar apacible y componemos. Pero aún suponiendo que eso fuese así, en el momento en que una obra terminó de ser compuesta, ni bien vos le pusiste la doble barra final, ya entra la política. Entra antes, en realidad. Porque no es lo mismo tener o no tener un presupuesto. La gente, por tocar tiene que cobrar. El compositor tiene que cobrar por componer. Esto es así. Entonces, yo creo que la política está muy fuertemente vinculada con el arte. Y me parece que sí, que la ley de medios es un logro.
GR: ¿Cómo describirías las estéticas actuales en Buenos Aires?
SS: Ahí hay una visión, o una toma de posición, mejor dicho, respecto de las estéticas locales y aquello que llamamos música universal. Buenos Aires es, por historia y tradición, muy cosmopolita. La mirada estuvo muy puesta sobre Europa a comienzos del siglo XX. Todos nuestros maestros miraban fuertemente a Europa. me parece que se abre un poco el juego en los últimos años y yo no tengo ninguna duda de que la hiperconexión que hay en este momento, ayuda. Esa mirada universalista, académica, en realidad, en el fondo, tiene por sustrato a Europa. Y la historia de la música es la historia de la música centroeuropea. Pero eso puede durar lo que dura la formación de una persona. Hay que estar muy ciego hoy para seguir pensando que la historia europea es la única historia de la música porque en este momento podés ver lo que quieras donde quieras. El paradigma de la música europea me parece que sigue estando en los programas. Armonía, contrapunto, formas, historia, todo eso. Pero se va cayendo sólo. inmediatamente uno necesita empezar a ver otras cosas.
GR: ¿Qué cambiarías de las políticas educativas en música?
SS: Me parece que falta pensar mucho más profundamente sobre lo que se está enseñando. El tiempo pasa y seguimos un poquito estancados en las mismas cosas. Falta pensar y resolver cuestiones de los programas y de lo que se está enseñando en los instrumentos. No es cuestión de decir “bueno, ahora incluimos todo esto en los programas.” Es un trabajo con los docentes para pensar como ir para adelante. Me parece que sigue habiendo un pensamiento que tiene que ver con que un programa, un plan de estudios, es una cosa quieta en el tiempo y no es así.
GR: ¿Con qué sistema desarrollás tu tarea como compositor?
SS: Soy espasmódico componiendo. No compongo todos los días. Yo compongo por épocas. Trabajo en la mesa, con papel. No uso la computadora. Pruebo mucho en el piano. En general me gusta primero escribir y después ir al piano a probar.
GR: ¿Qué le dirías a un joven que pretende dedicarse a la música?
SS: Hay un momento en el que los alumnos hacen como la modulación y ya dejan de mirar el modelo, de ver cómo se hace. Empiezan a generar desde sus propias herramientas. Porque finalmente, componer, entre otras cosas, implica conocer un poco los límites personales y trabajar sobre esos límites, tratar de expandirlos. Entonces, aspirar al momento en el cual ya va quedando atrás la formación que te da una base y te da seguridad, y empezás a estar sólo. Lo cual da un poco de miedo, pero es muy interesante como vivencia. Abrirse. Ser curioso. Yo me siento bien en ese sentido. De lo que estoy seguro es de que soy abierto.
Después sí, por supuesto, laburar. La verdad es que hay que trabajar como negro para poder componer. A eso no hay con qué darle. Pero supongamos que eso ya lo sabemos, entonces el único consejo sería abrirse. Y animarse a salir. En un momento, la formación la tenés, pero no la necesitás más. Queda naturalizada en un lugar muy profundo. Aprender armonía, en definitiva, es como deletrear. Y una cosa es deletrear o escribir separando en sílabas y otra cosa es escribir un poema. A eso hay que animarse.
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